domingo, 12 de agosto de 2012

El Ejército Siempre Victorioso



Los cuerpos mercenarios no suelen ser muy populares entre los historiadores militares. Batirse por dinero no tiene el glamour y el recuerdo de los viejos valores que tienen las escaramuzas entre regulares o milicianos. Pocos han trascendido a la historia, pero hoy hablaremos de uno que lo hizo: El Ejército Siempre Victorioso.

Para estudiar las hazañas de este cuerpo mercenario nos hemos de desplazar a la China del siglo XIX. Un gran territorio que sufre las sacudidas de varias rebeliones. De entre ellas cabe destacar una especialmente pintoresca: la rebeliónTaiping. Su líder es un chino converso llamado Hong Xiuquan, quien afirma tener visiones que le proclaman el hermano menor de Jesucristo. Lo que en occidente habría causado risa, en la misteriosa China aglutinó a millones de seguidores. Los taiping abolieron la propiedad privada y miraron de implantar su peculiar variedad del cristianismo en sus territorios.

 El hermano menor chino de Jesús.


Estas ideas tan “comunistas” no acabaron de gustar a los comerciantes de la influyente ciudad de Shanghai. Dos de sus comerciantes, Wu Xu y Yang Fang empezaron a reclutar a extranjeros occidentales para formar una milicia mercenaria que protegiera la ciudad. Esta iniciativa privada iba a ser comandada por Frederick Townsend Ward, un norteamericano que se había distinguido luchando contra la piratería fluvial a bordo del “Confucio”. Era un hombre menudo, activo y nervioso que había sido primer oficial de navíos mercantes con 16 años, para luego adquirir experiencia militar en México y Crimea al lado de las tropas francesas. Aunque inicialmente quería unirse a los taiping, acabó cazando piratas fluviales en Shanghai.

Ward consiguió reclutar unos 100 hombres (desertores, marineros sin barcos y demás fauna), que fueron armados con lo que sus patrones chinos pudieron conseguir. Tras una serie de escaramuzas exitosas contra los taiping, se les ordenó tomar la ciudad de Songijang, algo imposible sin artillería. Tras un fracaso estrepitoso, sus patrones reclutaron a 80 filipinos y consiguieron algunas piezas de artillería. Las victorias fueron atrayendo nuevos reclutas, cada vez más de origen chino. Sobretodo por la buena paga.

De forma gradual las unidades de Ward, quien era ayudado por su lugarteniente chino Li Hongzhang, pasaron a ser integradas por tropas totalmente chinas, mandadas por oficiales occidentales. A los soldados se les entrenó para responder a las órdenes y a los toques de corneta y a luchar como un ejército europeo, algo nunca visto en la historia china. Incluso se les equipó con uniformes de corte europeo y turbantes indios, lo que les valió el sobrenombre despectivo de “imitaciones de diablos extranjeros”. De todas formas, con el buen sueldo que ganaban los soldados, a estos les daba igual.



En enero de 1862, Ward ya tenía 1.000 soldados preparados para el combate. Las tropas tuvieron un buen inicio, venciendo a los taiping en Wu-Sung y Guangfulin (ciudades cercanas a Shanghai). Tras una épica resistencia en Songijang, donde 1.500 hombres de Ward resistieron el ataque de 20.000 rebeldes, el gobierno imperial chino bautizó a las tropas de Ward como “Ejército Siempre Victorioso”. Había nacido ya la leyenda.

En el verano de 1862 el “Ejército Siempre Victorioso” luchaba en un amplio territorio, pero las malas condiciones de las carreteras y caminos complicaban su movilidad. Ward decidió aprovechar los ríos y canales, apropiándose de buques y lanchas, con las que desplazó sus tropas allí donde eran necesarias. Por setiembre, contaría con unos 5.000 hombres, organizados en 4 (en 1864 fueron 6) batallones, un cuerpo de artillería y varias lanchas cañoneras. Se creó una fuerza en que se esperaba que la movilidad y superior potencia de fuego contrarrestasen su inferioridad numérica.

Desgraciadamente Ward no vivió para ver el apogeo de su obra. Durante la campaña imperial para liberar la ciudad portuaria de Ningbo, el americano murió en el sitio de Cixi/Tsekee. Desgraciadamente,Ward no es muy recordado en la historia por que le sucedió uno de los mejores generales de la era victoriana: Charles George Gordon. 



Nombrado comandante del ejército, con el beneplácito británico, nos encontramos con un personaje de lo más curioso. Un bravo soldado, pero cristiano como solo un victoriano podía serlo. A muchos les sonará el nombre por la batalla de Khartoum, donde encontró su destino. Pero no nos adelantemos. Aquí Gordon era un mayor de empleo del cuerpo de ingenieros que tomó el mando de una fuerza bien entrenada.Su primera acción fue acabar con el sitio de la ciudad de Chansu, una ciudad a 40 kms. de Shanghai. El éxito le grangeó el respeto de sus tropas. Posteriormente tomó la ciudad portuaria de Suzhou, pero una disputa con Li Hongzhang por la ejecución de líderes rebeldes hizo que el ejército se mantuviera un tiempo inactivo. Esto acabó en 1864, cuando el Ejército Siempre Victorioso volvió al campo de batalla y, tras la batalla de Changzhou, logró devolver al Imperio Qing la provincia de Jiangsu.

Tras eso, "El Chino" Gordon recibió el honor chino de la "Chaqueta Imperial Amarilla" y nombrado vizconde. Los británicos, por su parte, lo ascendieron a teniente coronel. La China Imperial le hizo jugosas ofertas para que se quedara, pero Gordon volvió a Inglaterra. 

Sin él, el primer ejército chino entrenado a la manera occidental, fue decayendo. Al cabo de unos años, sus conocimientos fueron olvidados, en favor del estilo tradicional chino de hacer la guerra. Así fue China perdiendo poco a poco territorios en las guerras del opio, o la rebelión boxer. Pero eso es otra historia.

domingo, 5 de agosto de 2012

Emboscada china a japoneses (1937-45)


Tras estar leyendo estos días el libro "China" de Henry Kissinger, he estado documentandome sobre la historia del desconocido Dragón Asiático.

Aquí dejo una pequeña emboscada a un pelotón japonés por parte de tropas chinas. Seguro que os gustará...


domingo, 1 de abril de 2012

Osprey Command: Georgy Zukhov



Una de mis editoriales favoritas, Osprey Publishing, ha sacado recientemente una nueva serie de libros. “Command” no habla de los soldados, sino de los generales. Pretende estudiar sus batallas y acciones para poder sacar conclusiones de ellos. Como aficionado a los temas de gestión y liderazgo no he podido evitar hacerme con ellos y, aunque empecé con un desconocido como el duque de Malborough, me apetecía más empezar a hablar de Zukhov y empezar con él a ver una serie de perfiles de los cuales se pueden sacar conclusiones y aprender cosas.

Georgi Konstantinovich Zukhov fue el general soviético más famoso de la Segunda Guerra Mundial. Tras sobrevivir a la Guerra Civil Rusa y a las purgas estalinistas al Alto Mando Soviético (gracias al cuidado del padre de la caballería roja Simon Budyonny, hombre de prominente bigote), despuntó en 1939 venciendo a los japoneses en una escaramuza poco conocida en Normohan/Khalkhin Gol, cerca de la frontera con China. Tras colaborar en la poco conocida anexión de Moldavia a la URSS, vino la invasión nazi. Nuestro general se encontró en los puntos más destacados: primero en Leningrado, luego a las puertas de Moscú. Tras eso vino la batalla de Kursk, la mayor batalla de carros de la historia, donde el Reich cedió la iniciativa estratégica a los soviéticos. Y luego empezó el avance hasta Berlín, donde Zukhov disputó una carrera con su gran rival, Koniev, para alcanzar el Reichstag y acabar la guerra.

Que el libro sea dedicado a este general no indica que deba ser un panfleto halagador y que obvie el lado malo del personaje. Zukhov no fue un angelito: no le preocupaban las condiciones de unos soldados a los que no dudaba en sacrificar para alimentar ofensivas que ya estaban condenadas al fracaso. También se ocupó de menoscabar el rol en sus victorias de sus subordinados y de “hinchar” su leyenda propia dotándose de cierta infalibilidad. Incluso se menciona su crítica hipócrita a sus subordinados que tenían “esposas de campo”, cuando él mismo tuvo romances con algunas mujeres soldado.

También destaca su estilo de liderazgo. Lejos de inspirar a sus subordinados, su especialidad era bajar al cuartel del que no estuviera cumpliendo sus objetivos y soltarle un soberbio rapapolvo con amenazas de muerte (incluso hay una lámina dedicada a Zukhov amenazando al general Tarasov). No deja de ser parte del estilo de mando soviético, donde a Stalin no le importaba ejecutar al general que se retirara o no “cumpliera con su deber”.Me recuerda cuando Suvorov/Rezun explicaba que Stalin sacó a Rokossovsky y a otros generales purgados del GULAG en 1941 para mandar al Ejército Rojo contra los alemanes ya que su única opción era vencer. Si perdían o morían a manos alemanas o eran ejecutados por el NKVD. Así ahorraban papeleo y les daban la oportunidad para tener una muerte “redentora en acción”.

Muchos dirán que este estilo “bullying” de liderazgo es anacrónico, pero sigue viéndose en según que empresas. Y aunque a corto plazo pueda (no siempre) conseguir objetivos, el desgaste del equipo humano que conlleva me hace ser poco partidario de él.

Pero eso no quita que, pese a no haber aportado ninguna innovación al campo de la estrategia, supo aprovechar las innovaciones otros (como la “GuerraProfunda de Tukhachevsky”) y aplicarlas en el campo de batalla con magníficos resultados. Pese a su poco conocida derrota en Rzhev (a manos, no olvidemos, del experto en guerra defensiva del Reich, Walther Model), el resto de carrera fueron victoria tras victoria. Destaca en el libro la poco conocida victoria en Magnuszew, según el autor la mejor de Zukhov, que fue decisiva para tomar la fortaleza de Varsovia. Se hace referencia al uso que hacía del arte ruso de la maskirovka, o engaño estratégico. Así mantenía pocas tropas haciendo ruido en un punto para que el enemigo pensara que la ofensiva iría por allí, mientras el grueso se reunía silencioso en otro preparado para machacar el punto débil de la línea enemiga.

No cabe duda que su mano, junto en mi opinión la de mi favorito Vasilevsky, fue decisiva para reciclar al soldado soviético que fue vapuleado en 1941 y convertirlo en el frontovnik que preparó el camino a Berlín y a la victoria (aunque a un coste exorbitado). Y eso, vistos los millones de muertos y prisioneros en las fases iniciales de la guerra (cerca de tres millones de muertos y prisioneros en las primeras batallas), tiene un gran mérito.

Al fin y al cabo, como dice el tópico: “la batalla no está perdida hasta que se deja de luchar”.

lunes, 23 de enero de 2012

EL ÚLTIMO SAMURAI OCCIDENTAL

Jules Brunet (1838-1911)


Uno de los papeles por el que se recuerda a Tom Cruise, que ha interpretado cosas tan dispares como a un joven barman o un coronel de la Wehrmacht, es el de Nathan Algren: un norteamericano que viaja a Japón para adiestrar al ejército imperial japonés y se acaba uniendo, embelesado por su mística y filosofía, a la rebelión de samurais que luchan contra una modernidad que les priva de sus prerrogativas.

Aunque pueda parecer que el personaje al que dió vida es totalmente ficticio, no lo es tanto. Se inspiró en la vida de un oficial francés: Jules Brunet. Un hombre nacido en Belfort en 1838 y que a los 19 años se licenció en la Ecole Polytechnique, entrando como oficial en la rama de artillería.

La Francia de esa época es una Francia convulsa. Con la derrota final de Napoleón Bonaparte aún recordada, y deseosa de recuperar su "grandeur", vé renacer su Segundo Imperio en 1852, bajo la tutela de Luis Napoleón (1). Este no duda en embarcarse en aventuras bélicas en el extranjero. En una de ellas decide coronar a Maximiliano de Habsburgo como Emperador de Méjico, con la intención de crear un imperio latino en el continente americano (2).  Hacia allí se fue un amplio cuerpo expedicionario francés, en el cual sirvió Brunet. Allí ganó la Legion de Honor.

Hacia 1867 se le envía a Yokohama, como parte de una misión militar enviada para modernizar el ejército del Shogun Tokugawa Yoshinobu (3), ya que el ejército francés era considerado en aquellos tiempos el mejor del mundo (4). En esa época era él quien mandaba en el país, actuando como regente del Emperador Meiji, el cual era una figura meramente simbólica. Brunet fue enviado para instruir a los japoneses sobre el uso de la artillería, ejerciendo sus funciones durante un año.

En ese tiempo empezó a fraguarse el conflicto que se conocería como la Guerra Boshin. El Shogun ve como en 1868 el Emperador Meiji toma el poder, con el apoyo de varios clanes rivales. Pero Tokugawa no quiere ceder, estallando la guerra. Es un choque de mentalidades: la facción imperial apuesta por abrir Japón al mundo exterior y romper el aislamiento (5), mientras que la facción del Shogun favorece el "Sakoku" (aislamiento). Ese mismo año, el Emperador Meiji ordena que la misión francesa vuelva a su país. Brunet, fascinado por la cultura japonesa, dimite del ejército francés y se queda con los cadetes a los que ha adiestrado. En una carta a Napoleón III lo explica:

"Una revolución está forzando a la Misión Militar a volver a Francia. Me quedo aquí solo, yo solo personalmente quiero continuar, bajo nuevas pruebas: los resultados obtenidos por la Misión, junto con el Partido del Norte, que es la facción favorable a Francia en Japón. Pronto habrá una respuesta, y los Señores de la Guerra del Norte me han ofrecido ser su alma. He aceptado, por que con la ayuda de mil oficiales y suboficiales japoneses, nuestros estudiantes, puedo dirigir los 50.000 hombres de la Confederación."

El 27 de enero de 1868, los dos ejércitos se encontraran en Toba-Fushimi. Los 15.000 soldados del Shogun se enfrentaban a 5.000 soldados Imperiales (6). Los primeros, pese a incluir el cuerpo de tropas entrenado por Brunet y del también francés capitán André Cazeneuve, es en su mayoría formado por los clanes tradicionales del norte. Los soldados del emperador, en cambio, proceden del sur y están equipados con armas modernas. Al final será el ejército imperial el que vence. Tras la victoria del emperador, Brunet, Cazeneuve y el almirante del Shogun, Enomoto Takeaki, huyeron a Edo (Tokio) en el buque de guerra Fujisan.

Cuando Edo cayó también en manos imperiales, Enomoto y Brunet huyeron a la isla de Hokkaido, al norte, donde proclamaron la República de Ezo, inspirada en Estados Unidos. Enomoto nombrado será nombrado presidente tras las primeras elecciones en la historia de Japón. Brunet se dedicó a organizar el ejército de Ezo, bajo un mando combinado franco-japonés. Otori Keisuke será el comandante en jefe, quedando Brunet como su segundo. Cada una de las cuatro brigadas estaba mandada por un oficial francés (Fortant, Marlin, Cazeneuve y Bouffier), con oficiales japoneses mandando cada media-brigada. Brunet pide (y recibe) un juramento de lealtad por parte de todos los oficiales, y su deseo de asimilar las ideas francesas. Un oficial desconocido describe que se encarga de todo: “

" ... aduanas, urbanismo, fortificaciones, ejército; todo paso por sus manos. Los japoneses son marionetas a las que manipula con habilidad... ha llevado a cabo una Revolución Francesa como la de 1789 en el nuevo Japón;  la elección de lideres y la determinación del rango por méritos y no por cuna -  son cosas fabulosas para este país, y el ha podido hacer las cosas muy bien, teniendo en cuenta la seriedad de la situación."

El Emperador se molesta ante semejante rebeldía y decide tomar la isla.

Los ocho buques de vapor de la flota imperial, entre ellos el recién llegado Kotetsu (7), se enfrentarán a los cinco navios de la flota rebelde, venciéndolos en la bahía de Hakodate (8). Dos naves de Ezo son hundidas, siendo el resto capturadas. Eso deja via libre al Ejército Imperial para desembarcar 10.000 hombres.

La batalla final de las fuerzas del Shogun/Ezo fue la batalla de Hakodate. Las tropas de Ezo, con 800 soldados en sus filas, fueron derrotadas por un ejército imperial de 8.000 hombres.

En un memorial sobre sus servicios en la Guerra Boshin, Brunet elogió mucho al Hijikata Toshizo, viceministro del ejército, en sus memorias, diciendo que si hubiera nacido en Europa hubiera llegado a ser general (9).

Brunet y los otros consejeros franceses fueron buscados por el Gobierno Imperial, pero huyeron de Hokkaido a bordo de un buque francés, la corbeta Coëtlogon, y llevados a Saigon por la nave Dupleix. Brunet al fin volvió a Francia.

El nuevo gobierno japonés pidió que se castigara a Brunet por sus acciones durante la Guerra Boshin, pero sus aventuras le habían ganado las simpatías del pueblo francés, y la petición fue simplemente ignorada. Además, se le permitió volver al Ejército Francés. Durante la Guerra Franco-Prusiana de 1870-71, fue capturado tras el sitio de Metz. Tras la guerra, tuvo un papel importante en el ejército de Versalles, que suprimió la Comuna de Paris de 1871.

Mientras tanto, el almirante Enomoto es perdonado por el Emperador, y acaba formando parte del gobierno. Bajo su influencia, el gobierno japonés amnistiará a Brunet, e incluso le condecorará en 1881 y 1885, siendo las medallas entregadas en la embajada japonesa en París. El francés acabará ascendiendo a general de división y, en 1898 será nombrado jefe de estado mayor. El último samurai occidental morirá en 1911, terminándose una vida realmente digna de una novela.

(1) Hijo de Luís Bonaparte. hermano de Napoleón y Rey de Holanda. El nombre de Napoleón II se dará al hijo de Napoleón Bonaparte con María Luisa de Austria, que morirá en 1832.
(2)Influyó también que el presidente de la República de Méjico, Benito Juarez, declarase que no iba a pagar las deudas que tenía su país con naciones extranjeras, sobretodo con Francia, Inglaterra y España. Los tres países organizaron una expedición de represalia, con el contingente español al mando del general Juan Prim, conde de Reus. Tras ocupar Veracruz y alcanzar un compromiso con Juarez, ingleses y españoles se retiraron. Los franceses se quedaron con la intención de reforzar su control sobre el país por medio de Maximiliano y su gobierno títere. Al final el Emperador acabará fusilado, como refleja el cuadro de Manet.
(3)Tokugawa Yoshinobu descendía del mítico señor de la guerra samurai Tokugawa Ieyasu, que alcanzó el poder como Shogun en el siglo XVI imponiéndose a otros míticos "daimyo".
(4)Hablamos de un ejército que venía de vencer a los rusos en Crimea y a los austríacos en Italia. Incluso el ejército unionista, en la Guerra de Secesión imitó sus uniformes. La complacencia les llevaría a la derrota en manos prusianas en 1870.
(5)El comodoro Matthew Perry y una flota americana aparecieron en la bahía de Edo (Tokio). Bajo la amenaza de bombardear la ciudad, lograron que Japón abriera el puerta a las mercancias y comerciantes estadounidenses.
(6) Al mando de las tropas imperiales estaba Saigo Takamori, quien paradójicamente liderará la última revuelta samurai en Satsuma en 1877, inspirando el personaje de Ken Watanabe en "El Último Samurai". El fué el verdadero.
(7) Construido en los EEUU, es el primer buque a vapor blindado de la Marina Japonesa.
(8)Esa batalla será el bautismo de fuego del, entonces simple oficial, futuro almirante Heicharo Togo, quien vencerá la flota rusa en Tsushima en 1904.
(9)Médico y profesor de kenjutsu. Suyas son estas palabras:"No voy a la batalla para ganar. Con el gobierno Tokugawa a punto de caer, sería una desgracia si nadie quisiera caer con él. Por eso voy  a luchar. Lucharé la mejor batalla de mi vida para morir por este país".".

miércoles, 24 de agosto de 2011

1861-2011: 150 años de la Casa Dividida.

 
 
Hará unos meses se celebró el 150 aniversario del bombardeo de Fort Sumter, en Carolina del Norte. Los primeros disparos de un conflicto civil que marcó a los Estados Unidos y que contribuyó a forjar el carácter nacional de ese país, como suelen hacerlos las Guerras Civiles desde tiempos de Julio Cesar.

Mucho se ha escrito sobre las causas de este conflicto. Que si la esclavitud. Que si la lucha entre un Norte eminentemente industrial contra un Sur marcadamente agrícola. Que si los derechos de los estados. No entraremos en las razones. En futuras entregas ya tendremos tiempo para ello.

Yo personalmente siempre he tenido más simpatías por los confederados. A mi me van más los perdedores. De ellos puedes aprender muchas lecciones. Además, hay ese Romanticismo de Causa Perdida que se ha forjado al largo de los años tras la derrota. Y es una de las pruebas de la Gran Verdad de la Guerra Moderna: la Superioridad en Logística y Producción gana las guerras. A la historia de las Guerras de los últimos 200 años me remito. Los mejores y más entrenados soldados, sin munición, sucumben ante los conscriptos bien provistos de ella.

A Lee lo considero un buen general. Pero no lo considero, como muchos “pro-sureños” hacen, “lo más grande que ha parido madre”. Vale. Hizo un magnífico trabajo gestionando los activos limitados que tenía el Ejército del Norte de Virginia. Pero cuando llegó el momento de la verdad, en Gettysburg, falló de forma clamorosa. Y a partir de entonces tuvo que ir trampeando con lo que quedaba de su Ejército hasta rendirse en Appomattox en 1865.

En cambio Grant me encanta. Quizá sea por su fama de bebedor. Quizá por ser como un general soviético de la Segunda Guerra Mundial: ordenando avanzar, aunque las bajas se amontonasen. Él trajo la Guerra Total a los EEUU de la mano de su pupilo William Tecumseh Sherman.  Pero el que me gusta realmente, y al que creo infravalorado, es al bueno de George Meade. Él era quien mandaba el Ejército del Potomac en Gettysburg. Si ese hombre hubiera sido inglés, en Inglaterra tendría plazas con su nombre y columnas. En cambio, en América permanece en el anonimato. Y eso que hizo lo que todo buen líder debe hacer: tomar las decisiones adecuadas en el momento adecuado.

Además, es una de las últimas guerras con uniformes bonitos, caballería cargando a lo loco sin ser derribada por ametralladoras, y espíritu decimonónico. A partir de ella las cosas cambiarían bastante. No olvidemos que fue en esta guerra cuando el bueno de Lee dijo eso de “Es bueno que la Guerra sea tan terrible, o le cogeríamos el gusto a ella”.

martes, 3 de mayo de 2011

Stamford Bridge 1066



Al hablar de Stamford Bridge, a los futboleros les viene a la cabeza el campo de futbol donde juega el Chelsea FC. Los cules lo recordaran por el gol de Iniesta que les metió en la final de Roma, donde ganaron esa Champions de la que Mourinho hubiera renegado. Pero también es el nombre de una batalla que, aunque no fue decisiva para la historia de Inglaterra por ella misma, sí que lo fueron sus consecuencias.

Para ponerse en situación hay que desplazarse mentalmente a la Inglaterra del año 1066. Un lugar de rencillas y con una corona disputada tras la muerte de Eduardo el Confesor, donde tres duros aspirantes se disputan el trono. El que lleva más ventaja es Harold Godvinson, ya coronado rey por la aristocracia anglosajona imperante, bajo el nombre de Harold II. Parece que partía con ventaja, si no fuera por que en frente tiene a dos rivales astutos y muy buenos.

El primero de ellos es Guillermo de Normandía, también conocido como Guillermo el Bastardo por ser hijo ídem de Roberto I el Diablo. De él heredará el ducado de Normandía a los ocho años de edad, cuando su padre muere durante una peregrinación en Tierra Santa. Tras salvarse de varios intentos de asesinato y rebeliones, logra afianzar su posición gracias a su astucia y crueldad. Y como parece que al pez grande le hace demasiado pequeña su pecera, aprovechó la muerte del buen rey Eduardo para reclamar el trono de Inglaterra. Guillermo sustenta su legitimidad a la monarquía diciendo que Harold Godvinson se lo prometió cuando rescató a este de un naufragio en el Canal de la Mancha. Pero como en esa época no habían servilletas con las que firmar contratos a lo Messi, las palabras se las llevó el viento.

Y del otro rival no era importante él en sí mismo, si no su avalador: Harald III Sigurdsson, (aka “Hadrada”, aka “El Despiadado”) de Noruega, el Último Vikingo. Era considerado el guerrero más grande de su tiempo. Él era otro duro bastardo, hijo esta vez de Harald I de Noruega. Cuando su padre murió se exilió, sirviendo primero al rey Yaroslav de Novgorod y luego al emperador de Bizancio en las filas de la Guardia Varega (haciendo kilómetros por Europa y el Mediterráneo en una era en que los vuelos low-cost no existían). Cuando amasó una buena fortuna volvió a casa y se coronó rey. Tras varias guerras contras los daneses, decidió ayudar a Tostig Godvinson, conde de Northumbria y hermano de Harold Godvinson, a alcanzar el trono de Inglaterra y repartirse la isla con él. A sus 51 años aún era una visión imponente: un gigante rubio de metro ochenta curtido en mil batallas y un aura majestuosa.

La posición de Harold no era nada buena, sobretodo cuando los bastardos de Harald y Guillermo se aliaron, atacando Guillermo por el sur y Harald por el norte. El noruego desembarcó con sus tropas cerca de York. Junto al aguerrido Harald venía una horda de vikingos noruegos, guerreros trotamundos y curtidos en mil batallas e incursiones. Los más duros de ese ejército eran los temidos berserkers: guerreros que luchaban en pleno delirio etílico con una furia inhumana y sus sentidos embotados para apartar el dolor de su mente. Algo así como los hooligans ingleses borrachos de Lloret pero con armaduras y hachas… Y las cosas parecieron empezar bien, ya que derrotó a los pequeños ejércitos leales a Harold I que encontró.

 Berserker, según el juego Medieval Total War.

El rey Harold Godvinson hizo algo de sentido común cuando luchas contra dos rivales separados: ir a por el primero y, tras liquidarlo, luego ir a por el otro. Godvinson iba con una buena tropa. En ella destacaban los nobles “housecarls”, guerreros nobles al servicio de su monarca que repartían muerte y desolación con sus hachas. Y como carne de cañón, el “fyrd” y sus “fyrdmen”, la tumultuosa infantería que encajaba los golpes. Con esta tropa marchó a toda prisa, posiblemente gracias a los caminos construidos por los antiguos romanos, a por los noruegos, dejando a Guillermo y sus normandos para más adelante. Fue una buena marcha: 180 millas en 4 días, algo magnífico para un ejército de infantería que se mueve a pata con armaduras y armas de metal.

 Huscarl. Los hombres de las Grandes Hachas.

Las cosas empezaron bien para Harold Godvinson. Haciéndose pasar por un emisario suyo se reune con Harald y Tostig. Le ofrece a Tostig devolverle sus privilegios, pero cuando este le pregunta que le dará al rey de Noruega le responde: “Seis pies de tierra inglesa, y uno más ya que es tan alto”. Toda una declaración de intenciones. Al día siguiente, un 25 de septiembre, llegó el momento de la verdad. Los dos ejércitos chocaron y empezó la lucha.

El climax de la batalla se dio cuando un gigante berserker noruego, una mole nórdica de más de dos metros con una ebria sed de sangre y hacha en mano, se quedó defendiendo el puente y mató a cualquier sajón que se atreviera a pasarlo. Cuando a los sajones les falló la fuerza bruta probaron con la astucia: uno de sus guerreros se infiltró bajo el puente y, desde allá, lanceó al berserker. Este no era el Caballero Negro de “Monty Python” y cayó. Pero le dio tiempo a sus compañeros a que se replegaran y formaran tras un muro de escudos ( el “Shieldwall” que da nombre al suplemento de “Warhammer Ancient Battles” que trata de la época), a la espera de un nuevo ataque sajón.

 Recibir una lanza así debe doler independientemente del índice de alcoholemia.

Esta vez solo fueron los "fyrdmen", absteniéndose los huscarles, que se contentaron en ver a la prescindible infantería siendo masacrada por los vikingos. Estos se confiaron, contraatacando. Pero los "huscarles" les metieron en su lugar. Y a Harald Hardrada le alcanzó una flecha al cuello. Cuando un compañero se interesó por su estado, este respondió: “solo es una pequeña flecha, pero está haciendo su trabajo”. Al rato el Último Vikingo murió como un guerrero, con su arma en la mano en el campo de batalla. Las ilusiones de los noruegos flaquearon, y con ellos su voluntad de luchar, lo que les llevó a ser vencidos. Una medida de la derrota y la mortandad entre ellos fue que necesitaron 300 naves para desembarcar en Inglaterra. Para el viaje de vuelta bastaron 24 barcos. Las cifras hablan por sí solas

 La muerte de Harald el Vikingo.

Los noruegos huyeron, comprometiéndose a mantenerse lejos de Inglaterra. Tostig también murió, y la única preocupación que le quedaba a Harold era Guillermo y sus normandos. Pero tenía muchas cosas en contra: las bajas sufridas en Stamford Bridge, tener que hacer una nueva contramarcha a gran velocidad (algo que debía agotar hasta al "huscarl" más leal. En Hastings se encontró el ejército sajón, un clásico ejército de infantería, contra el normando, uno más moderno con una caballería eficiente. La flecha esta vez dió en el cuello de Harold Godvinson, y Guillermo de Normandía dejó de ser "El Bastardo" para ser "El Conquistador". Pero eso ya es otra historia.
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sábado, 23 de abril de 2011

Clips de películas: "La Espada del Rey".


Otra cosa que me gustaría ir dejando en este blog son clips de películas que nos permitan ver como se han reproducido las batallas del pasado. Empiezo con este de la Batalla de Poltava (1709). En ella el zar Pedro el Grande de Rusia venció a Carlos XII de Suecia, consolidando la ascensión de Rusia como nuevo Gran Poder en Europa.

Este corte pertenece a la película rusa "La Espada del Rey", una cinta de aventuras bastante entretenida. Espero poder colgar en próximas entregas más cortes.

Saludos, amigos.